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Estancamiento de la matrícula de pregrado: Desafío a políticas públicas
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En los últimos cinco años, se ha producido un estancamiento de la matrícula en Educación Superior de pregrado (diurno y vespertino) en Chile, en particular de la matrícula de primer año. Esta última creció fuertemente entre 2006 y 2011 (8,4% tasa promedio anual), pero su tendencia cambió desde 2013 a la fecha (2018), período para el que sus niveles anuales muestran un crecimiento negativo (-0,3% tasa promedio anual, pasando de 318.072 y 312.688 alumnos entre ambos años).
La matrícula total de pregrado de la Educación Superior también tendió a estancarse, levemente. En los últimos cinco años ha cambiado su tendencia, presentando una disminución esencialmente monótona en su tasa de crecimiento, observable para todos los tipos de instituciones de educación superior (Universidades, Institutos Profesionales y Centros de Formación Técnica).
El factor que explica el reciente estancamiento es el proceso de envejecimiento de la población del país, el que, según las estimaciones y proyecciones del INE, no se detendrá y que, a la fecha, ha estado cambiando la moda poblacional, desde 8 años de edad en 1990, hasta 28 años en 2019 y se proyecta de 49 años en 2039. Así, está aumentando la población mayor de 60 años; se está reduciendo la base poblacional; y también comienza a reducirse, levemente, la población del tramo de edad de 18 a 24 años, jóvenes en edad de estudiar en Educación Superior, población que entre 2010 y 2018, disminuye de 2.027.546 a 1.974.667 personas.
La tendencia demográfica del país afecta, a la vez, a la matrícula de educación básica, que se reduce de 2.130.243 a 1.988.726 entre 2007 y 2018. Resultado que, a su vez, afecta la cantidad de matriculados en la enseñanza media, nivel que se debe aprobar para estudiar en la Educación Superior. La matrícula de media ha pasado de 1.039.437 estudiantes en 2007 a 896.726 en 2018. corroborando que, en la última década y de aquí en adelante, cada año saldrán menos jóvenes habilitados para matricularse en Educación Superior.
Los datos corroboran que la razón de matriculados en enseñanza superior sobre el tamaño de la población objetivo (18 a 24 años) tiende hacia un nivel de equilibrio alrededor del 66%, confirmando que cada vez es mayor la proporción de esta edad que se matrícula en Educación Superior, pero con lento crecimiento en los años recientes, confluyendo, aproximadamente, en dos tercios de la población objetivo.
El Estado financia el acceso a la educación superior mediante el gasto público en ayudas estudiantiles (becas, créditos y gratuidad -desde 2016-), factor que podría explicar la fuerte expansión de la matrícula de Educación Superior entre 2006 y 2013 (su aumento tiene una correlación positiva con la matrícula solo hasta 2013), mientras que controversialmente, entre 2013 y 2018 (años en que este gasto continúa creciendo), sus mayores incrementos no muestran impacto sobre la matrícula de Educación Superior.
Preliminarmente, se puede afirmar que este fenómeno queda explicado porque, desde la Casen se observan aumentos de matrícula en los alumnos de los cuatro primeros deciles y disminuciones de matriculados pertenecientes a los deciles 7º al 10º, tendencias similares a las observadas en la población del país en el estrato de jóvenes de 18 a 24 años.
Estas conductas permiten concluir que hay cada vez más pobres y menos ricos, en términos relativos, en la Educación Superior chilena y ello está ocurriendo, básicamente, por las ayudas estudiantiles estatales.
Las diferencias entre salarios profesionales y técnicos y, egresados de media, tampoco muestran impactos concluyentes. En esta primera aproximación se concluye que el factor demográfico es el de mayor relevancia para explicar el estancamiento de la matrícula y como este es un proceso de largo plazo, se deberán analizar y reevaluar las políticas de gasto público que el Estado está realizando en la Educación Superior
También se considera que la estabilidad del comportamiento de los salarios relativos de profesionales y técnicos en relación a las personas con solo estudios de enseñanza media, no permite atribuirles calidad explicativa a estas dimensiones del mercado laboral.
En consecuencia, las tendencias demográficas del país son el factor básico que explica el estancamiento de la matrícula de pregrado en la Educación Superior chilena (de primer año y total).
El estancamiento de esta matrícula en años recientes por factores demográficos, por ser una tendencia de largo plazo, desafía a la política pública implementada en el sector.
“La reducción de la jornada laboral afectará el Producto Interno Bruto”, sostiene economista de la Usach
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“Hacienda dijo que con el proyecto de 40 horas se perderían 250 mil empleos… Pero lo que nos llama la atención es que ahora (con la reducción a 41 horas promedio) el Ministerio del Trabajo señaló que esto va a generar 340 mil empleos”. Con estas palabras, el presidente de la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC), Alfonso Swett, cuestionó los cálculos del Gobierno asociados tanto a la propuesta de la oposición como a la del oficialismo.
Más allá de las cifras y de la última medida del Gobierno de bajarle el ritmo a su proyecto de flexibilidad laboral, para el economista experto en redes de producción y académico de la Facultad de Administración y Economía (FAE) de la Universidad de Santiago de Chile, Dr. Francisco Castañeda, el impacto en el empleo será evidente. “Temo que esto genere menos inversión a mediano plazo y una tendencia a un mayor desempleo en una economía tan desigual como la chilena”, afirma.
El Ingeniero Comercial, Máster en banca y finanzas y Doctor en geografía económica, advirtió que reducir la jornada laboral provocará que cada hora de trabajo se vuelva más cara para el empleador. A su juicio, este último terminará optando por una de dos alternativas para mantener su productividad actual: desacelerando el ritmo de su inversión o contratando menos gente y automatizando más procesos. “Hay una tendencia a la automatización y digitalización que es real, pero esto lo acelerará”, afirmó.
El profesor Castañeda reconoció que la tendencia en países desarrollados es a reducir las horas de trabajo, pero indicó que ello ocurre cuando esas naciones alcanzan tasas de productividad acordes a dicha modificación. Según explicó, Chile no ostenta cifras altas en este sentido, sino que, al contrario, exhibe un estancamiento. Por eso, advirtió que reducir las horas no solo podría impactar en la contratación de personas, sino en el sistema completo.
“Si se baja el número de horas, se afectará en el mediano plazo el Producto Interno Bruto. Las empresas grandes pueden asumir este mayor costo laboral, pero una pequeña o mediana empresa con problemas de capital de trabajo o liquidez va a terminar contratando menos trabajadores”, consideró. “Hacer el tejido laboral más débil y precario en una economía que este año crecerá menos del 3%, o más cerca del 2,5%, hará que los efectos del desempleo que ya son fuertes, se noten un poco más”, enfatizó.
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