Tomás Acuña: el estudiante de Bachillerato que representará a Chile en el Mundial Juvenil de Kickboxing WAKO 2026

Con solo 18 años, el estudiante de la Usach se prepara para competir en el Campeonato Sudamericano, que se realizará en Chile en agosto, y en el Mundial Juvenil de Kickboxing WAKO 2026, que se disputará en Italia durante septiembre. Ambos desafíos deberá asumirlos mientras cursa su primer año universitario.

La imagen muestra al deportista de brazos cruzados con poleron rojo

Tomás Eduardo Acuña Espinoza ingresó este 2026 al programa de Bachillerato de la Universidad de Santiago con la meta de continuar sus estudios en Ingeniería Civil Industrial. Al mismo tiempo, se prepara para dos de los principales desafíos de su carrera deportiva: el Campeonato Sudamericano de Kickboxing, que se realizará en Chile entre el 12 y el 16 de agosto, y el Campeonato Mundial Juvenil de Kickboxing WAKO 2026, que se disputará en Italia durante septiembre.

Procedente de la comuna de San Ramón y miembro de una familia ligada a las artes marciales, Tomás practica kickboxing desde pequeño. Su abuelo paterno y su padre han dedicado gran parte de sus vidas a esta disciplina y actualmente cuentan con sus propias escuelas. Su padre, además, estudió Pedagogía en Inglés en el programa vespertino de la Usach, por lo que desde niño creció escuchando historias sobre nuestra Casa de Estudios.

Aunque su interés por la ingeniería lo acompaña desde hace varios años, reconoce que durante mucho tiempo no tuvo claro qué carrera quería estudiar. La Usach, sin embargo, siempre estuvo presente entre sus alternativas.

“Había escuchado que era entretenida, que había muchas actividades. Un amigo de mi papá me dijo que estaba la universidad y la otra universidad. Que es esa otra donde uno conoce gente, hace contactos y que la Universidad de Santiago era la mejor en el aspecto de conocer gente, de actividades, de lo extra programático, todo eso”, cuenta.

Además de la formación académica, Tomás destaca la infraestructura del campus, sus espacios abiertos, “que tenga varias partes históricas” y el hecho de que todas las facultades se encuentren en un mismo lugar.

Pero antes de convertirse en estudiante universitario, las artes marciales ya ocupaban un lugar central en su vida. Comenzó practicando kenpo karate y posteriormente incursionó en el kickboxing. Siempre ha entrenado junto a su padre, quien además es su profesor. Disputó su primer torneo a los cinco años y, a los nueve, representó por primera vez a Chile en el Campeonato Panamericano de Kickboxing en México.

Como ocurre con muchos hijos e hijas de entrenadores, hubo un momento en que quiso alejarse de las artes marciales. Sin embargo, con el paso del tiempo volvió al deporte y hoy reconoce sentirse arrepentido de haber tomado aquella decisión.

“Lo dejé porque como lo hacía mi papá, sentía que iba obligado. No quería ir, prefería quedarme en la casa (...) Me salí como a los 10 y después justo empezó la pandemia. Cuando volvimos a clases presenciales, empecé a jugar en el colegio, ir a clubes y hacer todo menos kick. Al final terminé volviendo igual y dejé de hacer todas las demás cosas para enfocarme en kickboxing”, recuerda.

La competencia como desafío personal

El deporte y las competencias han estado presentes durante toda su vida. El karate y el kickboxing han sido siempre temas de conversación en su familia. Desde pequeño veía a su padre viajar a torneos nacionales, panamericanos y mundiales, hasta que, a determinada edad, comenzaron a viajar juntos.

Para Tomás, el kickboxing reúne varias de las cosas que más disfruta: el deporte, la familia, el esfuerzo, la disciplina y la competencia. Reconoce que le gusta entrenar, pero que disfruta aún más competir. “Es una instancia bonita donde he conocido mucha gente, en la selección misma, en la escuela. Se conoce gente distinta que quizás no conocería afuera, pero se hacen amigos de otra forma; son amigos de deporte”, comenta.

El objetivo cuando compite siempre es ganar, asegura. Sin embargo, hay algo que Tomás valora más allá del medallero: la posibilidad de comprobar cuánto ha avanzado. “Me gusta ver cómo voy avanzando, porque veo mis videos de competencias del año pasado y pienso ‘el yo de ahora le gana por mucho al de años anteriores’. Ver ese avance en videos o en fotos, o simplemente sentir que mejoro, me gusta mucho”, sostiene.

Entre las distintas competencias internacionales en las que ha participado, recuerda especialmente el Panamericano de Guatemala del año pasado. Viajó con altas expectativas, convencido de que podría ganar, pero los resultados no fueron los esperados. Quedó fuera en cuartos de final, una derrota que terminó cambiando por completo su manera de entender la competencia.

“Perdí en cuartos de final, pero también vi el nivel de mi categoría y lo lejos que estaba de ellos en ese momento. Siento que desde ahí cambié y ahora estoy entrenando con la mentalidad de llegar a ese nivel. Tengo otra visión del nivel al que quiero llegar, que es el que vi en ese momento, que era gente de mi misma categoría, misma edad, mismo peso, pero que peleaban muy distinto”, confiesa.

La experiencia transformó su forma de vivir y pensar el deporte. Reconoce que después de perder se sintió desilusionado de sí mismo, pero también comprendió que debía enfocarse en dar siempre lo mejor. En ese proceso, el apoyo de su padre ha sido fundamental. “Mi papá me dice que tengo que cambiar esa mentalidad. Que tengo que llegar a un torneo y decir de que voy a ganar, creerme el cuento”, cuenta.

Camino al Mundial

La competencia nacional de kickboxing contempla tres fechas clasificatorias, divididas por categorías de peso y edad. Este año, Tomás obtuvo oro en la primera fecha, bronce en la segunda y nuevamente oro en la tercera, posicionándose en el primer lugar del ranking general en la categoría juvenil de 16 a 18 años, hasta 63 kilos.

Con este resultado, clasificó al Campeonato Sudamericano, que se realizará en Chile entre el 12 y el 16 de agosto, y al Campeonato Mundial Juvenil de Kickboxing WAKO 2026, que se disputará en Italia durante septiembre.

Actualmente integra la selección nacional y entrena todos los días de la semana. Los martes, jueves y sábados realiza preparación física; los lunes, miércoles y viernes entrena kickboxing y karate, mientras que los domingos participa en los entrenamientos de la selección.

“Personalmente mi objetivo es ganar el sudamericano y volver con medalla del mundial. Se me está dando todo para prepararme de la mejor forma y tratar de cuidarme”, afirma.

Compatibilizar esta exigente rutina con el inicio de su vida universitaria ha sido uno de sus principales desafíos. Aunque asegura que hasta ahora ha logrado responder tanto en lo académico como en lo deportivo, reconoce que el cansancio es constante.

“Trato de no quedarme mucho en la U, una hora a lo más, porque para mi casa me demoro más de una hora. Entonces llego como a las 6. Casi siempre llego y estoy una hora y a las 7 me tengo que ir a entrenar para llegar bien a la sede donde entreno”, explica.

El próximo año deberá cambiar a una categoría de edad más avanzada, por lo que sabe que las exigencias aumentarán considerablemente. El nivel de competencia será mayor y también tendrá que adaptar su preparación a ese nuevo escenario.

A pesar de las exigencias que implica mantener este ritmo, Tomás mira con optimismo los próximos años. Su prioridad es terminar la carrera y ejercer como ingeniero, aunque espera continuar compitiendo durante el mayor tiempo posible y, en el futuro, abrir su propia escuela.

El desafío, reconoce, será encontrar el equilibrio entre su desarrollo profesional y una carrera deportiva que comenzó cuando apenas tenía cinco años.

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